viernes, junio 15, 2007

Lluvia, después de la lluvia


Después de la lluvia observé la respiración de los árboles con el vaho de un exhalar calmo, mientras el sol que despunta abriga la madera viva de la ciudad. Santiago ha estado helado, el frío del otoño que se aleja se impregna cada mañana en mi ventana, serpenteando escurridizo al paso de mis dedos para ver a las calles despertar.

Y el viaje en micro, nocturno, bajo la lluvia, sentado, solitario, observando las calles, algunas caras que me acompañan en mi recorrido trivial, pero marcadamente único, como el pasillo despejado, los asientos disponible y el timbre que hice sonar más allá de La Moneda. Al bajarme un perro esperaba que se detuvieran los autos en la Alameda, yo lo acompañé mientras esperaba la señal del semáforo y en el cruce iluminado por los viajeros en pausa, me vi seducido con uno de esos restaurantes de esquinas, con vidrios pequeños y un neón con la forma de su nombre. Un té para abrigar el camino, un pan para alimentar lo que queda de la jornada y la sonrisa siempre bien recibida de quien atiende estos rincones abrigados en las noches de lluvias.

Después de la lluvia los ambulantes se tomaron de nuevo la vereda. Calcetines, bufandas, artesanías y perfumes del metro hasta la oficina en Providencia. Después de la lluvia aun corre agua entre los rieles del metro. Después de la lluvia las palabras, las miradas, el blog.

1 comentario:

Solylunnyta dijo...

Aquí las lluvias vienen acompañadas de chocolate caliente para recuperar la temperatura ambiente por algunos instantes...

Aqui las lluvias se acomodan entre las nubes negras y los aires plagados de hojas...

Admirando tus escritos...
Abrazos desde Conce...