
Escribo porque tengo necesidad de obsesiones, y así he salido, por lo menos transitoriamente, de esta lluvia, de esta agua, de este cataclismo que me acompañó con su arrebatadora invisible presencia desde la niñez. Sí, tal vez escribo porque no olvido mi infancia, porque no puedo olvidarla, no termino nunca de salir de ella, lazando y multiplicando desde ella con ímpetu entre triste y entusiasmado. Si me acuerdo ahora mismo, si me detengo en la mitad de la calle para atravesar hacia el parque y buscar el bando amable, seguramente lo siento todavía a él, a ese enorme viejo lleno de pesadumbres y también de acciones caminando todavía sobre las tablas, atisbando rencoroso y desconfiado hacia el cielo, ahí donde se abre entre los cerros.
Después del Diluvio
Carlos Droguett
Si por ahí o por allá existieran adictos a las letras extrañas y porfiadas de Droguett. Si por ahí o por allá hay quien no lo conoce. Por aquí, por allá y por todos lados estaré recogiendo sus palabras para compartirlas y debatir, reírnos y conversar y seguir difundiendo la obra de este grande parido en tierra chilena y perdido en el mundo.
Su vida, un fragmento y más y más, pero poco del padre de Patas de perro... podemos seguir difundiendo su obra y que crezca en el mundo.