A n t u c o
Es que la cordillera se los tragó, les nubló la mirada, les detuvo su paso y los arrulló en el silencio de su juventud, forzada a caminar hacia la muerte cuando la irresponsabilidad de aquellos que ostentan poder ordenan y no piensan, obligan y no miden, mandan y no sienten, y sin reparar en el otro, en el semejante, en el compatriota, hacen que sus órdenes se transformen en un cuchillo que atraviesa silencioso la dignidad de un ser humano. Pero que esta vez la estocada cruzó más allá del orgullo y se alojó en el corazón de los más de 40 que murieron en las alturas de esa nieve enfurecida.
Que miseria...
Que miseria...
Que horrible y que miseria...
Y que larga debió ser la espera en el gimnasio de ese Regimiento, mientras Antuco pasaba a la historia, tan largo como este año cuando aun continúan esperando para entender el porqué de la tragedia.
Antuco a un año...
Antuco de los otoños más bravos.


