miércoles, marzo 22, 2006

Noche Porteña

Valparaíso
Primera noche de otoño

La noche está helada, la luna más quieta que de costumbre, los cerros iluminados en una ciudad que duerme, yo escribiendo, Playa Ancha me acoge, unos perros ladran, las casas se observan, su arquitectura me coquetea, tantas vueltas en auto me dejaron mareado. Y las calles están vacías, algunas ventanas permanecen iluminadas, el teclado suena con fuerza el camino de este texto y después de 27 años dando vueltas por la vida, al fin conocí Valparaíso.

lunes, marzo 13, 2006

Estado de Sitio

Situado en el centro del espacio, los ojos hacia el cielo y una sonrisa que se mueve y sale volando por una brisa azul, como aquellas de los días de verano cuando solo una mínima nube es un blanco lunar en el filmamento.

Situado en el centro del espacio busco el punto de la felicidad que marca el inicio de una hebra, que luego es hilo, piola, soga y cuerda para amarrala en el cuello y colgarme de la sublime gracia que me hace sonreír. Atarla a mis pies o en mi muñeca izquierda y mi muñeca derecha, para no olvidar y recordarla cada vez que miro al oriente o al poniente.

Situado en el desierto caminando por la ruta seca de una vida pasada y los pasos que otros marcaron la huella que hoy recorro, recogiendo recuerdos y guardando experiencias que no son mías, pero que en algún momento me auydarán a seguir esta seca ruta iluminada.

Situado en este momento de mi vida recorrida.

Situado frente al mar, la cordillera, el sol y los valles.

Situado frente a mi reflejo que a veces desconozco.

Situado para mirarme, saludarme, presentame y conocerme.

Situado en este sitio donde escribo.

Situado en la palabra.

Situado en el silencio.

Así de simple. Situado en este momento.

viernes, febrero 24, 2006

Se Detuvo

Si el tiempo me dijera "detente un rato, que yo me detendré contigo", me sentaría en una cuneta de la esquina y obsevaría cómo el resto de la gente camina y los vehículos se mueven. Yo con mis manos en la nuca, de seguro preferiría solo contemplar el cielo.

Y es que por momentos me siento viviendo lo mismo cada día; oficios, olores, rutinas y sabores similares de esta vida siguiendo micros y capeando soles, tecleando códigos y leyendo rayas.

Pero el tiempo me habló, se sentó a mi lado y se detuvo... yo escribí en mi blog.

viernes, febrero 03, 2006

Reviviendo, Recordando

"Una de mis entretenciones favoritas en las tardes de invierno
era escribir palabras sobre el vaho depositado en los vidrios.
Letras grandes que recuperaban la limpieza de los cristales
y a través de las cuales observaba la calle,
las casas de los vecinos, el ir y venir de la gente".
Ramón Díaz Eterovic -
Mi Padre Peinaba a lo Gardel



Hoy día amaneció muy nublado. Anoche cayó una lluvia que dejó la calle húmeda, los cerros oscuros y en mi cabeza el recuerdo de un libro de Ramón Díaz Eterovic. "Correr tras el viento" es el nombre, genial novela, genial título, y que fue arrastrada desde el sur hasta mis manos cuando finalizaba mis años de universidad en Antofagasta.

Solo el título de esta novela me transporta en el recuerdo de mi vida en la capital y de mis viajes al sur, de la neblina matinal y el arcoiris del mediodía. Y es que Díaz Eterovic sabe tejer entre sus letras la lana húmeda de la mañana después de la lluvia y las hebras que se mueven con las brisas de la tarde.

Aprovecho ahora de conversarlo para los que lo siguen y de recomendarlo para lo que recién lo conocen.

Yo lo descubrí frente a un pc y en su cuento, uno de los mejores que he leído, "Mi padre peinaba a lo Gardel" y mientras escribo este post vuelvo a leer estas letras. Pero esta vez con otros ojos, con otro cuerpo, no con el de la universidad y mi vida de estudiante, sino con el de mi vida en el trabajo y el recuerdo del último abrazo que le di a mi papá, cuando partí a otros lares, en un terminal de buses, junto a toda mi familia, y en el último y definitivo abrazo. Vuelvo a leer este cuento, en una pantalla y no en el papel como estoy acostumbrado; vuelvo y lo leo sin poder evitar los recuerdos y reparar en cada letra y en la construcción de la melancolía de mi papá que le gustaba el tango, la política y la familia. Entonces se me despierta el recuerdo de la protesta contra Estados Unidos y la invasión a Irak en la calle tomados de la mano. Y así las construcciones de mi vida, de lo que queda y lo fue y el caminar siempre observando hacia adelante.

En fin, el cuento me mueve y remueve en los recuerdos, sentimiento, sensaciones y olores. En fin, vuelvo y lo recomiendo. Simplemente me agradó demasiado volver a leerlo.

Aquí está "Mi padre peinaba a lo Gardel"

lunes, enero 30, 2006

Nací y acá estoy

Nací en el San Juan de Dios en Santiago.
Nací con forcep.
Nací con el ombligo cruzado en mi pecho, que cuando el médico me vio dijo "nació un presidente".
Nací en dictadura.
Nací en Lo Prado.
Nací en el barro y en las goteras del techo.
Nací en la casa de mi vecina que se colgaba al poste para la luz.
Nací entre los pasajes con nombre de isla y la estación San Pablo.
Nací entre tres hermanos.
Nací con un granado y una higuera, más tarde plantaría dos ciruelos.
Nací con los curas columbanos en las poblaciones y las monjas gringas ayudando a sobrevivir.
Nací feliz en el sueño de capital postergada que circunda el Chile que no veo en la televisión.
Nací junto a tres amigos, uno mayor, otro menor y otro que no me recuerda.
Nací con Paulo VI en su muerte y la muerte de Juan Pablo I y la llegada del II.
Nací con la Teletón.
Nací comiendo jalea, nisperos y sémola con leche.
Nací con el Chavo del 8 y después con el perro Lenteja.
Nací y no recuerdo el momento, pero desde que nací la vida ha tenido buen sabor, buen color y buen aroma. Las manzanas saben bien, lo mismo que las sandías. Los perros de mi vida han sido buenos compañeros y los terremotos ya no me molestan. En fin, estos años han sido un buen momento.

martes, enero 24, 2006

Luces de la Ciudad

* Escalera de Chinchorro

Sobre las luces amarillas de la noche en la ciudad tengo una cierta predilección. Será un fetichismo urbano, pero me da demasiado placer ver en la tierra dibujada en medio de la nada solo franjas, solo líneas, solo hileras de puntos amarillos que marcan calles, que circundan el mar, que iluminan y que guían algún camino de otros que seguirán avanzando por el mismo rumbo.

Y así, desde un avión en un vuelo nocturno observar cenital las franjas que delinean la vida gregaria de los seres, de los humanos, de los que se desplazan bajo estos focos que permiten ver el camino y asegurar el paso cuando la penumbra es completa. En este vuelo, surcando el cielo y la suspensión del cuerpo y las ideas, ver el reflejo, ver el brillo en movimiento del mar que acompaña tranquilo mi viaje solitario, mientras abajo muchos tejen inconscientes sus fantasías entregados al sueño del descanso merecido.

Pero cuando la carretera es la que me mueve, en medio del vació de la tierra y el colador de estrellas que me observa desde arriba, interrumpo mi sueño por las luces que se filtran entre la ventana y la cortina del bus que ingresó a un pueblo, que da sus primeros pasos por una ciudad que duerme y que en medio de su tranquilidad solo nos ofrece luces amarillas. Interrumpo mi sueño, por el paso de las luces fuertes y efímeras, de un camión nacido de la boca de un camino oscuro que de pronto nos cruza, nos intercepta, nos saluda y sigue su rumbo fugaz por el sentido contrario a mi destino.

Esas son las luces que me divierten y me dan placer. Son como una orgía cuando se reúnen y vienen flotando sobre los barcos que atracan en el puerto, cuando pasan sobre un auto y dejan una línea incandescente que quedó estática en el aire, incluso son para embriagarse al caminar por una fábrica y una industria solitaria que en medio de un callejón encienden las señales de una semiótica que poco me dice, pero que mucho me estimula.

sábado, enero 21, 2006

Conversa de una noche de verano

Anoche después de un pub, de unas cervezas, de la música, del humo, de la conversa, de la gente, de las risas, rumbo calle abajo conversaba con mi amigo Víctor, master blog de Arica, sobre lo tranquila que es nuestra ciudad. La noche estaba quieta, la calle vacía interrumpida solo por algunos grupos que se trasladaban de pub en pub. La luces amarillas de la ciudad, la calle sin micros, no había camanchaca, pues es verano y ésta no es común en esta época. El calor nocturno de una ciudad en fin de semana de verano invitaba a la playa, a las bermudas, a las sandalias o a un helado de maracuyá. Un cartel luminoso gigante en pleno Arica nos decía que Se Puede, con una sonrisa gigante de un candidato que ya pasó y un gato negro que se mete a un estacionamiento colándose por un agujero de un portón metálico viejo, solo son parte del paisaje de la noche con pocas nubes y una luna que mengua pero ilumina.

Un grupo de taxistas espera pasajeros a las afuera de un pasaje, el de los artesanos de día y el de los pub de noche, pasaje que es un brazo a un paseo más grande donde caminan los gringos y las familias bolivianas que veranean por estas tierras. Y nosotros en la conversa pos carrete, junto a otros que emigran a sus hogares cuando aún la noche es joven, cuando aun faltan para las dos, cuando aún hay espacio para más conversas y más cervezas, pero cuando se dice basta de hoy, a descansar que mañana debo levantarme a escribir en mi blog.

Y aquí estoy, en la misma ciudad, pero cuando la tierra ya giró y el sol ilumina.

miércoles, enero 18, 2006

Sones Refrescantes

El calor del verano en Arica está fuerte, pero me gusta. Lo prefiero antes que al frío. Por suerte tenemos playas y valles y el viento es un buen estabilizador de las altas temperaturas.

El calor me tiene trabajando solo con un pantalón corto, hasta las chalas me molestan. Me refresco comiendo sandía. Me refesco con la ventana abierta. Duraznos helados para pasar el calor. Me refresco escribiendo en mi blog y bloggeando de vez en cuando. A veces me mojo la cabeza, la piojera como dice mi hermano, para que se enfríen las ideas. Me refresco escuchando a Los Jaivas.

Una canción para refrescarse

En la Quebrá del Aji

En la quebrá del ají,
vive la gente feliz,
las velas nunca se apagan
salvo cuando hay luna llena,
las gallinas ponen torillas al amanecer.

Los paltos dan paltalones,
las ranas lavan las flores,
llueve cuando hay sopaipillas,
las arañas tejen chalecos
de un dos por tres.

En la quebrá del ají,
los días pasan por siaca,
el sol es padre y señor,
las mañanas salen al alba
a caminar.

Las tardes llegan temprano,
saltan los niños contentos,
y como si fuera poco
el Diablo vuela juntando leña
para el fogón.

Corren los vientos sin nombre,
y suenan las flautas solas,
los gallos cantan en coro,
el buey toca en su panza el bombo
con emoción.

lunes, enero 16, 2006

Mi Chile Que Madura

* Plaza Colón. Triunfo en Arica

Desde que descubrí la democracia a eso de los 10 años me enamoré de todos estos procesos eleccionarios. Antes solo protestas, panfletos y la palabra política que me sonaba tan lejana. Y es que nací en Santiago, en un barrio pobre de fines de los 70, donde las protestas se hacían en las afueras de mi casa y cuando dejaba de llover con mis amigos jugábamos en el barro negro como recuerdo de un neumático quemado.

Pero la democracia ya es parte de la vida, y las elecciones son sin duda un momento único donde trasciende la igualdad entre todos los seres humanos. Ayer por un instante mi decisión fue tan válida como la de mi vecina y la decisión de mi mamá tuvo el mismo valor que la del Presidente. Y fue ese instante el que marca la historia de nuestro país, instante que cada cierto tiempo se repite para trazar caminos y direcciones por donde nuestra patria dirigirá su horizonte. Recuerdo el título de un diario que hace más de 17 años dijo "Con un lápiz Chile derrotó a la dictadura", hoy con lápiz decidimos qué es lo que queremos y cómo será el camino de nuestra tierra en los años que se vienen.

Si es por triunfo, estoy feliz, mi voto fue de los que celebraron entre abrazos, saltos y emoción la victoria de quien yo veo me representa, Michelle Bachelet. Pero intento detenerme en el momento histórico de una mujer en el gobierno y no logro dimensionar la trascendencia de ello, pues más allá de la contingencia política, hay cambios culturales que trascienden en un continente de padres, pantalones y corbatas, y que demuestran que es posible asumir un desafío tan importante como es dirigir un país sin importar el género.

En suma, Chile crece y hace más democrático. Con un sector que celebra la victoria y con otro sector que saluda y respeta a los vencedores como dignos demócratas chilenos.

El Chile que quiero es así, de saber ganar, de saber perder, pero de poner por sobre todo siempre delante nuestro al ser humano y el cuidado de la democracia.

Chile sigue madurando. Ahora a seguir construyendo.

sábado, enero 14, 2006

Lluvia para Regresar

Buscaba alguna excusa para retomar mi blog. La necesidad de crear con mis letras desde el sentimiento y el interior me llamaban a recuperar este espacio que fui sembrando el año pasado y que en esta época de verano, es la temporada ideal para ir observando algunos frutos.

Y hoy por fin encontré una senda razón para retomar mis crónicas perdidas. Pues en esta mañana de sábado de verano, sentado frente al computador y con la ventana abierta entró una leve, pero muy leve brisa fría, ideal y refrescante para estos días de buen calor. Resultó que aquella brisa venía acompañada de una escueta lluvia estival. No sé si llamarla garúa, pues las gotas no son finas, ni sé si es una llovizna pues son goterones intermitentes pero no intensos en su caída, lo que sí sé, es que salí de inmediato al patio y luego a la calle a aprovechar este momento, de los pocos que vivo en mi ciudad del desierto, pero de los que me traen recuerdos de las nubes grises y gordas, como la panza de un burro en los textos de Sepúlveda y su viejo que leía novelas de amor, de mi infancia en Santiago, el barro en la calle y las gotas que se filtraban desde el techo. Recordé un impermeable rojo que casi me llegaba a los tobillos cuando todavía era un crío y me comía la punta de la corbata azul de la escuela que ya a mitad de año empezaba a deshilacharse.

Será que me hacía falta agua, que necesitaba un pequeño quiebre climático para encontrar una hebra a las ideas y las palabras sueltas que pululan por mi mente, por mi espacio, por mi entorno.

Amigos gracias por la espera… esta vez en el árido Atacama agarramos buena señal y logré captar la frecuencia del Canal Desierto