Mi Chile Que Madura
Desde que descubrí la democracia a eso de los 10 años me enamoré de todos estos procesos eleccionarios. Antes solo protestas, panfletos y la palabra política que me sonaba tan lejana. Y es que nací en Santiago, en un barrio pobre de fines de los 70, donde las protestas se hacían en las afueras de mi casa y cuando dejaba de llover con mis amigos jugábamos en el barro negro como recuerdo de un neumático quemado.
Pero la democracia ya es parte de la vida, y las elecciones son sin duda un momento único donde trasciende la igualdad entre todos los seres humanos. Ayer por un instante mi decisión fue tan válida como la de mi vecina y la decisión de mi mamá tuvo el mismo valor que la del Presidente. Y fue ese instante el que marca la historia de nuestro país, instante que cada cierto tiempo se repite para trazar caminos y direcciones por donde nuestra patria dirigirá su horizonte. Recuerdo el título de un diario que hace más de 17 años dijo "Con un lápiz Chile derrotó a la dictadura", hoy con lápiz decidimos qué es lo que queremos y cómo será el camino de nuestra tierra en los años que se vienen.
Si es por triunfo, estoy feliz, mi voto fue de los que celebraron entre abrazos, saltos y emoción la victoria de quien yo veo me representa, Michelle Bachelet. Pero intento detenerme en el momento histórico de una mujer en el gobierno y no logro dimensionar la trascendencia de ello, pues más allá de la contingencia política, hay cambios culturales que trascienden en un continente de padres, pantalones y corbatas, y que demuestran que es posible asumir un desafío tan importante como es dirigir un país sin importar el género.
En suma, Chile crece y hace más democrático. Con un sector que celebra la victoria y con otro sector que saluda y respeta a los vencedores como dignos demócratas chilenos.
El Chile que quiero es así, de saber ganar, de saber perder, pero de poner por sobre todo siempre delante nuestro al ser humano y el cuidado de la democracia.
Chile sigue madurando. Ahora a seguir construyendo.







