miércoles, noviembre 19, 2008

CEGUERA Jugando al sin sentido

De pronto si voy caminando por una ciudad cualquiera. Con gente cualquiera que camina al lado mío. Entre calles cualquiera y en un día cualquiera. Todo normal hasta que sin mediar causa alguna, quedo ciego. Me invadiría el desespero. Qué hacer. Quién viene. Quién me ayuda. Ayuda. Ayuda. Qué pasó. Gritar. Seguir gritando. Ayuda. Gritar más fuerte…

Se rompió mi orden. Mi pequeño gran orden…

No sabría qué hacer.

Ahora qué tal si junto a mí sumo a otro; a otra; a diez más; a cien; a mi ciudad entera. Caos total y no sé qué pasaría. La sensación ha de ser angustiante... y la sensación se fue al cine... CEGUERA.

Ese es el juego de esta cinta que camina entre momentos de documental y literatura. Por pasillos de una angustia constante, desatada en medio de una calle candente de tráfico y un auto detenido con su conductor ciego. De un médico que es un foco de infección. De una mujer que no es héroe y que primero ama y luego ese amor... qué importa, lo que se necesita es sobrevivir. Y es así como nos subimos a ese travelling doloroso siguiendo a los ciegos que crecen, a la ciudad que muere y la fila absurda de un ciego que guía a otro ciego. Y nos metemos en los ojos que ven y que callan en el silencio del resguardo de una comunidad que nace bajo las peores miserias. Y de pronto yo en el cine, mirando como me orinan en los pies; como caminas desnuda sin el pudor de la mirada; como fornican con público sin verlos y como a mi lado se siente el olor a un muerto que comienza a pudrirse, como ya muchos están podridos en esa película. Y así van esas dos horas de celuloide, dos horas que me angustiaron demasiado y que me conducen por las crisis nuestras de cada día. De los números rojos, de la espculación que ronda, de las bolsas que caen, del inicierto futuro, del mundo que yerra en su órbita y de los cientos de destinos que seguiremos dibujando en la sombra que inquieta.


CEGUERA (Blindness). Notable su director Ricardo Meirelles, el brasileño que me golpeó a la razón y al sentimiento con la Ciudad de Díos y luego me conmovió hasta los oídos con El Jardinero Fiel. Inspiración de José Saramago y su libro "Ensayo sobre la ceguera".

La recomiendo!

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